miércoles, 1 de octubre de 2014

DESTINO

La definición de la palabra destino, literalmente dice:  “Esa fuerza desconocida de la que se cree que actúa de manera inevitable sobre las personas y los acontecimientos”.  La “fuerza desconocida” nos indica un poder que obviamente  ignoramos  y la palabra “inevitable”, da como válido algo necesario, de lo cual no podemos escapar. La pregunta entonces sería:  ¿Para qué conocer el futuro si ya está predeterminado por esa fuerza desconocida y para qué preocuparse por lo inevitable? 

La gran inquietud del hombre de todos los tiempos:  “Quisiera conocer mi destino, me gustaría saber qué me depara el futuro, quisiera saber si el destino ciertamente ya está escrito ”. 


Esta preocupación o miedo al futuro (destino), ha llevado al ser humano a la búsqueda de respuestas en los cielos y la tierra, a través de dioses y magos. Los adivinadores, los predictores del destino  han sido buscados por el hombre en todos los tiempos, tratando de apaciguar esa sed insaciable de conocer sus buenos designios pero principalmente, saber cómo evitar la adversidad.

El hombre nace en su respectivo círculo de semejantes. En muchas culturas la palabra destino es casi sagrada, escuchándose a menudo afirmaciones  como: “Dios así lo había dispuesto”, “ese era su destino”, “nació marcado con ese destino”, etc.  Para los que creen en la ley del karma, la vida  lo colocará junto a todos aquellos con quienes tiene que relacionarse en esta vida, instruyéndole sobre la responsabilidad de lograr méritos para un mejor destino en su próxima encarnación.  Para los astrólogos el destino de cada individuo estará determinado por su carta natal, otros profesionales de la conducta humana dicen que dependerá del país, la cultura y la educación que reciba la persona.  No importa desde qué perspectiva se mire, el ser humano es único, diferente a todos sus semejantes.  Su lugar de nacimiento, raza, educación o posición económica no determinarán su destino individual porque existe algo que se llama “libre albedrío”.

Dicen los maestros que, justamente por su libre albedrío,  el destino, aún dentro del plan divino, se va construyendo, se va labrando, se modifica con cada paso que damos en diferentes etapas de la vida. 

Cada vez que tomamos una decisión estamos haciendo cimientos de destino.  Cuando pensamos en el destino siempre lo relacionamos con el futuro, olvidando que constantemente  estamos dando pasos, tomando decisiones.  En el aquí y ahora, estamos viviendo el destino presente, resultante de las acciones y decisiones que hemos tomado hasta el momento.

En ese diario vivir que nos lleva a lo que  llamamos “destino” siempre habrá obstáculos que superar. Habrá ocasiones en que nos preguntaremos por qué pasaron las cosas y si hubiésemos podido evitarlas. Tal vez nunca encontremos una explicación. Habrá situaciones que se nos salgan de las manos, que nos hagan sentir impotentes, se nos presentarán acontecimientos fatales, resultados decepcionantes o inesperados. Esos momentos de impotencia, de sentir que nuestra situación depende de algo más allá de lo humano, nos obligarán a pensar en palabras como la suerte o el destino.   Necesitaremos calmarnos hasta la serenidad para pensar en aquello de “la fuerza desconocida”  y  la palabra  “inevitable”.

Nuestra mejor contribución para un “buen destino personal” es ser cuidadosos respecto a nuestros pensamientos,  deseos y decisiones,  hacer uso de nuestro libre albedrío con la sabiduría para  elegir entre las diferentes oportunidades que se nos presentan.  Con determinación, sin miedo al porvenir, actuar correctamente, sin lastimar a los demás, tratando siempre de  atraer hacia nosotros una mejor calidad de vida. En este sentido, podríamos alcanzar una meta de destino perseguida por todos pues la felicidad y el buen destino caminan de la mano como compañeros inseparables.

“Señor concédeme serenidad para las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia, viviendo un día a la vez…”     Reinhold Niebuhr.


L. CEDEÑO S

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