jueves, 16 de octubre de 2014

ENSEÑANZA ZEN

Taisen Deshimaru
Maestro Budista Zen

1914-1982 (Japón)


L. CEDEÑO S.

Frase Vigila

Atisha Dipamkara Srigñana
Maestro de la nueva tradición Sama del
Budismo Tibetano. 
Abad del Monasterio de Vikramashila.

980–1054 d.c.


lunes, 13 de octubre de 2014

BLANCO Y NEGRO O COLOR

Desde que nacemos la sociedad,   empezando por el círculo familiar, nos coloca entre  patrones de conducta y modelos a repetir, empieza a formar en nosotros  muros mentales respecto a valores morales y tradiciones.  Nos enseñan de manera drástica  “lo bueno y lo malo”, lo que nos conviene seguir y lo que no, de acuerdo a las enseñanzas recibidas.  Nos implantan parámetros extremos que de adultos nos impiden visualizar situaciones desde nuestro propio punto de vista, porque nos han limitado a una visión de “blanco o negro”.  Así,  tenemos implantada  la asociación del blanco como lo bueno, con su simbología de pureza, bondad, perfección, inocencia, etc., y que lo malo es negro, simbolizando la oscuridad, ilegalidad, secreto…


Sin embargo, la vida tendremos que afrontarla tal como es.  Nos presentará situaciones en las cuales nos sentiremos “a oscuras”, donde tendremos que tomar decisiones que no serán totalmente en blanco ni totalmente en negro, porque eso es la vida, un juego de luces y sombras. La vida estará manifestándose ante nosotros con sus matices para obligarnos a crecer, a ejercer nuestro libre albedrío.  Será en esas situaciones cuando para resurgir tendremos que filtrar los conceptos asimilados, como se filtra la luz,  algo que no podremos realizar sin detenernos a analizar, como atenuantes, todas las gamas de grises, atravesando ese negro profundo hasta llegar al destello de la blancura.

Pasar de blanco y negro a color, dejar de ser “recalcitrantes”, abrir nuestra mente a nuevos conceptos de vida,  (científicos, sociales, tecnológicos, etc.), sin perder la esencia de los valores, comprender que no hay que juzgar o proceder escogiendo los extremos aprendidos como única opción,  requiere mucho discernimiento.  La esencia de conceptos ya asimilados, almacenados y clasificados como blanco o negro, son un muro sólido muy difícil de penetrar, necesitaríamos muchas vidas y afrontar muchas situaciones extremas  para derribar esa muralla piedra a piedra, y aun así quedarían los cimientos, las dudas, porque en nuestra mente esos parámetros de vida no se cambian oprimiendo un botón. 

Está comprobado que el color, como los placeres de la vida, envuelve, atrapa, disfraza la realidad.  Es aquí donde se encuentra el reto de vida; en utilizar esa amplia paleta de colores que se nos ofrece sin deslumbrarnos,  tomando  e interiorizando los matices que nos ayuden a separar la realidad de la ficción, tratando de comprender y aceptar los “atenuantes” al filo de lo real, lo correcto. 

Las nuevas generaciones  manejan una amplísima paleta de colores  para mirar la vida, no siempre exitosamente, porque la educación que reciben hoy, es igualmente de mentalidad muy amplia, tal vez con demasiada información, demasiado colorido, carente de principios y valores sólidos. 
  
Siempre tendremos la opción de quedarnos en el blanco y negro, sobre todo a conveniencia propia, para establecer un perímetro de defensa, reforzando ese muro que puede aislarnos del mundo de hoy. 

La vida cambia constantemente, la diferencia generacional nos desafía, pone a prueba nuestra capacidad de evolucionar y ajustarnos al mundo que nos rodea,  nos presenta un colorido, a veces bastante agresivo,  que forzosamente tendremos que aprender a manejar porque  nada en la vida es absolutamente negro ni absolutamente blanco, todo dependerá de la actitud y buena elección de matices que usemos para enfrentarla.


L. CEDEÑO S.

jueves, 9 de octubre de 2014

AMOR EN LINEA

“Los encuentros más importantes fueron planeados por las almas antes incluso de que los cuerpos se hayan visto”        Paulo Coelho – Once Minutos-

                                                                                                   Gustav Klimt  "El Beso"

El amor en línea puede volverse tan real y tan ciego como el amor común, también nos deja sin aliento, con maripositas en el estómago y esa sensación de conocernos de toda la vida.   Desarrolla esa magia que dispara emociones y sentimientos hacia el ser amado.

El amor virtual pasa por las mismas etapas del amor común, palabras bonitas, halagos, y coqueteo verbal. Nos coloca ante confidencias, dudas, indecisiones  y hasta ante los celos por infidelidad virtual.  Con sus altas y bajas nos proporciona esa mezcla de pureza y  frustración del amor platónico… Efectivamente se tiene una pareja, una pareja virtual. 

Con el tiempo, como todo amor común, puede caer en la rutina de ese círculo verbal infinito, la indiferencia, la frustración o el desamor, llega el rompimiento y hasta  el olvido.  Tal vez no sea tan difícil de olvidar como una pareja física, porque no nos expone a encontrarnos frente a frente, salvo que así se desee, visitando lugares virtuales… en caso contrario, solo tenemos que cerrar con un “click”.

Sin embargo, como todo amor, la pareja virtual tiene una oportunidad de llegar a feliz término, madurando,  superando obstáculos, que van desde la afinidad hasta  diferencias culturales, el idioma y en la mayoría de los casos, la distancia.  El amor a distancia ha existido siempre, solo que antiguamente era muy lento… una carta podía demorar tres meses entre continentes y otros tres meses la esperada respuesta. Hoy hacemos en unas cuantas horas de vuelo lo que antes implicaba una travesía de meses a bordo de un barco, para “conocer” a alguien con quien se había establecido un compromiso, alguien con quien se habrían cruzado algunas cartas y tal vez, en el mejor de los casos, un  intercambio de “retratos”.

Todos hemos conocido algunas parejas producto de un gran amor en línea.  Parejas que establecieron un vínculo, a pesar de la distancia,  la diferencia de horarios o el idioma, parejas cumplidoras de un compromiso de buena fe que los llevó más allá de lo virtual, un amor en línea que trascendió las redes, culminando con final feliz.  Viva la tecnología que nos conecta, nos acerca y nos reúne casi por arte de magia!



L. CEDEÑO S. 

Con cariño para JyM, PyV., y todos los matrimonios alrededor del mundo que han pasado por el gran universo virtual.        

jueves, 2 de octubre de 2014

FRASE ESTADO DE ANIMO


ATRAPASUEÑOS

El atrapasueños es una pieza, hecha a mano,  originaria del pueblo Ojibwa (Chippewa). Región  de los Grandes Lagos, entre Canadá y Estados Unidos, adoptada posteriormente, casi como símbolo cultural, por otros muchos pueblos nativos de Norte América.




Como bien describe su nombre, el objetivo del atrapasueños, según la tradición ojibwa, es filtrar los sueños, dándole paso a los sueños y visiones positivas hacia la persona que duerme.  Los sueños negativos quedan atrapados en la malla, esfumándose al amanecer, con los primeros rayos de luz del sol.

Consiste en un círculo, (originalmente elaborado en madera de sauce ), alrededor del cual se teje una red a modo de telaraña, usualmente con terminación de plumas colgantes.

Cuenta la antigua leyenda que la mujer “Asabikeshiinh” (araña), se encargaba de cuidar los sueños de la gente de la tierra, especialmente los sueños de los niños.  Cuando el pueblo Ojibwa se dispersó por Norte América fue muy difícil para ella cuidarlos a todos.  Entonces, las madres y abuelas empezaron a tejer redes con poderes mágicos para atrapar los malos sueños y las pesadillas, para que estos desparecieran al amanecer.  Colgándolo sobre la cabecera de la cama, se utilizaba como hechizo para proteger los niños de las pesadillas y visiones negativas.

Artesanos de todo el mundo reproducen este místico objeto para la venta como “souvenir”  aunque,  se podría obtener algún atrapasueños debidamente energizado, elaborado con el simbolismo  que distingue la mística de los pueblos nativos de Norte América, de protección al hombre, a los niños, amor y respeto a la naturaleza, a la tierra misma y el universo, esa brecha sutil que se entreteje entre el mundo visible y el mundo espiritual.


L.CEDEÑO S.

miércoles, 1 de octubre de 2014

DESTINO

La definición de la palabra destino, literalmente dice:  “Esa fuerza desconocida de la que se cree que actúa de manera inevitable sobre las personas y los acontecimientos”.  La “fuerza desconocida” nos indica un poder que obviamente  ignoramos  y la palabra “inevitable”, da como válido algo necesario, de lo cual no podemos escapar. La pregunta entonces sería:  ¿Para qué conocer el futuro si ya está predeterminado por esa fuerza desconocida y para qué preocuparse por lo inevitable? 

La gran inquietud del hombre de todos los tiempos:  “Quisiera conocer mi destino, me gustaría saber qué me depara el futuro, quisiera saber si el destino ciertamente ya está escrito ”. 


Esta preocupación o miedo al futuro (destino), ha llevado al ser humano a la búsqueda de respuestas en los cielos y la tierra, a través de dioses y magos. Los adivinadores, los predictores del destino  han sido buscados por el hombre en todos los tiempos, tratando de apaciguar esa sed insaciable de conocer sus buenos designios pero principalmente, saber cómo evitar la adversidad.

El hombre nace en su respectivo círculo de semejantes. En muchas culturas la palabra destino es casi sagrada, escuchándose a menudo afirmaciones  como: “Dios así lo había dispuesto”, “ese era su destino”, “nació marcado con ese destino”, etc.  Para los que creen en la ley del karma, la vida  lo colocará junto a todos aquellos con quienes tiene que relacionarse en esta vida, instruyéndole sobre la responsabilidad de lograr méritos para un mejor destino en su próxima encarnación.  Para los astrólogos el destino de cada individuo estará determinado por su carta natal, otros profesionales de la conducta humana dicen que dependerá del país, la cultura y la educación que reciba la persona.  No importa desde qué perspectiva se mire, el ser humano es único, diferente a todos sus semejantes.  Su lugar de nacimiento, raza, educación o posición económica no determinarán su destino individual porque existe algo que se llama “libre albedrío”.

Dicen los maestros que, justamente por su libre albedrío,  el destino, aún dentro del plan divino, se va construyendo, se va labrando, se modifica con cada paso que damos en diferentes etapas de la vida. 

Cada vez que tomamos una decisión estamos haciendo cimientos de destino.  Cuando pensamos en el destino siempre lo relacionamos con el futuro, olvidando que constantemente  estamos dando pasos, tomando decisiones.  En el aquí y ahora, estamos viviendo el destino presente, resultante de las acciones y decisiones que hemos tomado hasta el momento.

En ese diario vivir que nos lleva a lo que  llamamos “destino” siempre habrá obstáculos que superar. Habrá ocasiones en que nos preguntaremos por qué pasaron las cosas y si hubiésemos podido evitarlas. Tal vez nunca encontremos una explicación. Habrá situaciones que se nos salgan de las manos, que nos hagan sentir impotentes, se nos presentarán acontecimientos fatales, resultados decepcionantes o inesperados. Esos momentos de impotencia, de sentir que nuestra situación depende de algo más allá de lo humano, nos obligarán a pensar en palabras como la suerte o el destino.   Necesitaremos calmarnos hasta la serenidad para pensar en aquello de “la fuerza desconocida”  y  la palabra  “inevitable”.

Nuestra mejor contribución para un “buen destino personal” es ser cuidadosos respecto a nuestros pensamientos,  deseos y decisiones,  hacer uso de nuestro libre albedrío con la sabiduría para  elegir entre las diferentes oportunidades que se nos presentan.  Con determinación, sin miedo al porvenir, actuar correctamente, sin lastimar a los demás, tratando siempre de  atraer hacia nosotros una mejor calidad de vida. En este sentido, podríamos alcanzar una meta de destino perseguida por todos pues la felicidad y el buen destino caminan de la mano como compañeros inseparables.

“Señor concédeme serenidad para las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia, viviendo un día a la vez…”     Reinhold Niebuhr.


L. CEDEÑO S.